Valencia Mediocentro

En los últimos cursos todos los equipos de La Liga han tenido en su mediocentro a uno de sus futbolistas más destacados y, sobre todo, más importantes en el engranaje colectivo. Todos salvo el Valencia.

A excepción de la temporada 14-15, donde el conjunto de Nuno sí encontró en Javi Fuego a una pieza perfecta para ligar con plena coherencia a Otamendi, Mustafi, Parejo y André Gomes, el conjunto che ha ido viendo desfilar a una ristra de mediocentros que, en el mejor de los casos, no han destacado ni para bien ni para mal. Los Mehmet Topal, Manuel Fernandes, Tino Costa, Fernando Gago, Javi Fuego, Enzo Pérez y Mario Suárez, más las puntuales apariciones por ahí de Ever Banega o Dani Parejo, no han logrado consolidar un relevo competitivo, tampoco estilístico, del capitán David Albelda.
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Junto a Rubén Baraja, David Albelda formó una pareja tan asentada que hasta se llegaron a crear chistes sobre su división de roles. Uno organizaba, otro destruía. Uno estaba más cerca de Fabián Ayala, el otro de Pablo Aimar. Sin pisarse ni jamás resultar redundantes, haciendo buena esa especialización que se impuso en los dobles pivotes de casi toda Europa durante una larga década, el dúo conformado por Baraja y Albelda resultó una certeza futbolística con valor para una década (2000-2010).

Desde entonces, ni siquiera con tres futbolistas en la base, el Valencia ha logrado hallar estabilidad en una zona de la que luego dependen todas las fases del juego.

En base a esta inestabilidad en la medular se entienden desde los problemas en salida con Pellegrino (2013) hasta la poca fluidez con Djukic (2014), pasando por supuesto por la gran debilidad defensiva que ha protagonizado el Valencia durante los dos últimos años.

Lo de este curso ha sido paradigmático. Tanto Mario Suárez como Enzo Pérez han sido incapaces de solucionar la larga serie de problemas que nacían en los costados. Daba la sensación, al menos por momentos, de que, al contrario de lo que se antoja como ideal, el pivote del Valencia “no está, llega”. Y normalmente muy tarde.
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Entre las muchas tareas que tiene por delante Marcelino García Toral en Mestalla, una de las más interesantes a nivel táctico es la de conseguir que el mediocentro vuelva a ser una solución y no un problema. Al igual que hablábamos ayer con los centrales, el 4-4-2 suele ser un buen punto de partida. Sobre todo ante la falta de especialistas. A fin de cuentas, a poco que funcione de manera correcta, su zona del campo estará bien delimitada por la presencia de sus propios compañeros, evitando que deba corregir desde las bandas hasta el propio centro del área. Sea como fuere, más allá de la pizarra y del funcionamiento colectivo, que al final lo es todo, da la sensación de que el Valencia lleva varios años teniendo un déficit de calidad en una posición troncal tanto en el fútbol español como en el fútbol europeo. Y que dos de los jugadores que estuvieron cerca de llegar en el pasado, Ignacio Camacho y Bruno Soriano, hubieran podido ayudar a normalizar el día a día de Mestalla.